lunes, 19 de diciembre de 2011

La hora de su castigo.

Sonrió al verla dormir tranquila, indefensa y aprovechó la oportunidad. La alzó y ató cada una de sus manos a un extremo de la cama. Pasó su látigo por la espalda de su amada y notó como comenzaba a despertar..
Sonrió, era la hora comenzar su castigo.

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