La iba acunando, despacio, con cuidado, me daba miedo que se despertase y viese el horrible mundo que la rodeaba, que yo, había creado. Me odiaba por ello, por eso no quería que despertase, para que no me dejase. Ya había sufrido mucho y no merecía más castigo.
Rogué a Dios, a mi padre, que la salvase, pero solo obtuve silencio así que las lágrimas se apoderaron de mis ojos.
Supongo que al oírme, despertó. Abrió los ojos despacio, como si le costase y la mire. El corazón se me cerró como en un puño, de repente. Asustada la miré, esperando un llanto tan profundo como el mio. Pero una sonrisa, la mas pura que había visto nunca se dibujo en su cara y una risa se escuchó. Sonreí de medio lado, aliviada y la acuné despacio de nuevo, estrechándola entre mis brazos.
:) ...
ResponderEliminar