No pude evitar sonreir al ver su cara de dolor cuando aquel temblor tan placentero se apodero de su cuerpo y yo me limité a aumentar el ritmo. Eso era todo lo que ella deseaba. Dolor, sufrimiento, placer... todo lo que yo simplemente trataba de darle para verla feliz. Mi mano continuaba en su entrepierna y ella trataba de rebelarse, de moverse, de que yo la dejase aunque fuese unos minutos descansar, pero le era imposible por más que lo intentaba. Estaba mojada... cansada de placer, encadenada... ERA MIA. Estaba bajo mi poder.

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