Y empezar a reir, sin sentido y sin porqué. Reir hasta que te duela la tripa, hasta que te duela la cara de tanto reir y que comiencen a caer lagrimas por tus mejillas. Pero no unas lágrimas cualquiera, no, ¿lágrimas de tristeza? con ella imposible, son de felicidad, de esa felicidad que no se puede acabar, reir sin limite y hasta que desaparezca todo lo que tienes alrededor.

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